El renting de bienes productivos es una herramienta de adquisición que ha alcanzado en los últimos años su plena madurez, frente a los mecanismos tradicionales de adquisición.
Sus innumerables ventajas comienzan a ser conocidas e incluso, podemos observar que comienza a ser una herramienta al alcance del público en general.
El renting de bienes productivos —vehículos, equipamiento informático, maquinaria— es una herramienta de adquisición que ha alcanzado en los últimos años su plena madurez, frente a los mecanismos tradicionales de adquisición. Sus innumerables ventajas comienzan a ser conocidas e incluso, podemos observar que comienza a ser una herramienta al alcance del público en general, señal de que está alcanzando su plena madurez. Si examinamos en la historia empresarial reciente las diferentes alternativas disponibles para la adquisición de bienes productivos, vemos el proceso que ha desembocado en el renting. La historia de la humanidad —y por ende del mundo empresarial— se ha caracterizado siempre por dos simples impulsos: a) novador: necesitamos de nuevas herramientas o bienes productivos para prosperar, pues los existentes reducen progresivamente su utilidad, y b) ahorrador: deseamos que el "coste" de adquisición sea el menor posible, incluso nulo si tuviéramos tal opción (y las invasiones y conquistas deben ser tratados como hechos anecdóticos). Inicialmente, ambos impulsos se cruzaron mediante la permuta —barter—, que fue como nuestros primitivos antepasados intercambiaban bienes entre sí. El desarrollo del dinero hace varios miles de años simplificó en parte el proceso de adquirir nuevos bienes o herramientas, por cuanto por primera vez y de forma mas objetiva oferta y demanda tomaron un patrón común de valoración. Sin embargo, otro impulso que se deriva del novador es el cambio constante, la evolución, que generalmente trae consigo a medio/largo plazo sustanciales mejoras (de nuevo, salvo excepciones que todos podemos citar están en mente de todos). Así, al pago en efectivo con el uso del dinero por la adquisición de bienes le sucedió el desarrollo de instrumentos de demora de pago, pagarés, etc. desde hace quinientos años, y de forma más extendida en los últimos cien años: ahora el impulso novador se puede satisfacer, mejorando el impulso ahorrador. Generalmente, el pago aplazado llevaba un recargo para satisfacer al vendedor por dos conceptos: -el riesgo inherente al cobro (el ser humano lleva en ocasiones el impulso a límites tortuosos), y -la pérdida de poder inherente a no disponer del dinero hoy, lo que en términos anglosajones se denomina liquidity preference. Dicho recargo es tipo de interés. Por tanto, durante el presente siglo, la adquisición de bienes se puede realizar mediante compra al contado, o pago aplazado. A la segunda modalidad se unirá una nueva declaración denominada leasing, que de forma abreviada es una formula de financiación de la adquisición siguiendo un esquema predeterminado. Pero incluso la denominación de leasing no recibe un desarrollo uniforme, por cuanto en diferentes países corresponde a diferentes criterios. En Estados Unidos, la definición de leasing es más restrictiva, diferenciándose en: -el leasing supone el traspaso de propiedad del vendedor al comprador (por tanto, es un instrumento de financiación y no operativo) -el leasing supone el pago casi total del bien, más intereses -el leasing sólo puede ser realizado por entidades financieras. La interpretación tan restrictiva que en España se ha hecho del concepto de leasing genera una demanda insatisfecha: el arrendamiento y el renting. ¿Cual es la diferencia entre ambos? Una pequeña diferencia de matiz. Todo renting es arrendamiento, pero no todo arrendamiento es renting. El renting es arrendamiento operativo, donde se traspasa el derecho de uso de un bien a cambio del pago periódico de unas cuotas. La titularidad de los bienes no es cuestionada, pues permanece en poder del arrendador hasta el fin del contrato, sin ningún compromiso final. El término arrendamiento, sin embargo, puede incluir el traspaso de propiedad y convertirse en un pago aplazado. Así es como ha surgido el renting en nuestros días. El sector informático es un sector muy joven y de evolución vertiginosa. Ha tenido que recorrer su infancia, adolescencia y madurez en un plazo de tiempo muy breve, menos de cuarenta años. Por ello acusa más que otros los dolores típicos del crecimiento. Hasta el principio de los años noventa, toda herramienta informática era vendida. Tan solo el gigante azul IBM tuvo una estrategia de vender mediante renting los grandes centros de datos, pero factores internos invirtieron dicha política en los años ochenta por la venta al contado. La pasada década de los noventa se ha caracterizado por el paso de la pubertad a la madurez. Todos los grandes fabricantes del sector informático —IBM, HP, SGI, DEC/Compaq— han decido potenciar el renting como medio de ofrecer una solución global a sus clientes corporativos. ¿Y qué beneficios obtiene un cliente por adquirir un bien productivo mediante renting? Hay que comenzar aclarando que el renting —salvo excepciones— es una herramienta para el cliente corporativo por la naturaleza de sus beneficios: - El renting supone utilidad, pago por uso. La corporación vanguardista no quiere poseer, sino usar, y ello aplica tanto a edificios como a ordenadores. Todos los gastos susceptibles de ello deben ser operativos. La compra supone un compromiso mayor, el renting es un pago por uso. - El renting supone flexibilidad. La evolución tecnológica de la informática es atroz: en seis meses, todos los productos son superados y renovados. En ese contexto, el proveedor que ofrece a su cliente una herramienta de actualización tecnológica es un proveedor mucho más comprometido. El renting incorpora mecanismos de actualización tecnológica. - El renting supone mayor autonomía financiera. Dado que la adquisición por renting es un compromiso que no consta en balance, preserva las líneas de financiación de la empresa, y permite liberar cash-flow para otros usos más estratégicos. - El renting supone comodidad. El proveedor agrupa en una única cuota mensual todos los servicios que llevan el uso de la solución informática: hardware, software, mantenimiento, formación, consultoría, implantación, etc. En definitiva, el incipiente sector informático se encuentra preparado para ofrecer a sus clientes soluciones operativas como el renting que le permitirán afrontar con mayores garantías de éxito los retos del siglo XXI. Si bien no todas las compañías de dicho sector están preparadas para ofrecer dicho servicio, las más avanzadas pueden y deben poner a disposición de sus clientes tal servicio. El siglo XXI va a ser el siglo del ocio, servicio por antonomasia, y debemos rodearnos de las herramientas que nos permitan disponer de más tiempo y libertad.